domingo, 2 de diciembre de 2018

Piensa mal y...




¿Acertarás? ¿O no?

Es un sesgo muy conocido y común el de sentirse atraído por lo negativo, por lo que nos da miedo y nos preocupa. Desde la óptica de la evolución este rastreo de amenazas y carencias es lo que, desde tiempos ancestrales, aseguró la supervivencia de la especie.

Hoy en día este sesgo sigue siendo útil siempre que sepamos contrapesarlo para ser capaces de interpretar correctamente nuestro entorno.

Esto es más importante cuando estamos en contacto con tanta noticia dramática como se publica hoy en día, con las quejas, la indignación, la desesperanza o el cinismo que nos pueden transmitir familia, amigos, conocidos, redes sociales, y lo que nos puede llegar día a día en el trabajo en forma de rumores o críticas. Es difícil no “contagiarse” emocionalmente, y este contagio hace que se distorsione nuestra imagen de lo que sucede. Esto no aporta calma a nuestras vidas, que ya están suficientemente agitadas por hallarse sumergidas en un entorno complejo, incierto, cambiante, exigente y lleno de estímulos.

¿Y cómo contrapesarlo? Te apunto lo siguiente:

1.- Date cuenta de a qué prestas más atención. Y date cuenta también de qué noticias tiendes a transmitir, ¿estás colaborando a darle más circulación a las “malas noticias”, a la queja, a la crítica, al cinismo, …?

2.- Busca fórmulas de “contrapeso”. Se me ocurre, por ejemplo, fijarte la tarea de encontrar 3 cosas buenas que hayan sucedido o de las que te hayas enterado cada día (1). O también puedes prestar atención a las ocasiones en las que piensas “mal” de una situación o persona y luego resulta que no era o fue así (2).

No se trata de ignorar lo que sucede, se trata de equilibrar nuestra mirada. Si la tendencia natural es a prestar más atención a lo “negativo”, necesitamos una estrategia para darle su espacio a lo “positivo”. Y, como siempre, la estrategia es bueno adaptarla: si eres de los menos que tienden a prestar más atención a lo “positivo”, el equilibrio de la mirada va a requerirte dar su espacio a lo “negativo”.



(1) En poco tiempo he leído tres artículos sobre libros que destilan optimismo “realista” sobre la especie humana y el estado del mundo: de Steven Pinker “En defensa de la ilustración”, de Matt Ridley “El optimista racional” y, más recientemente, de Hans Rosling “Factfulness”. Es más, si clickas en amazon estos títulos te aparecen recomendados algunos otros que también se enfocan en los progresos y avances de la humanidad desde esta perspectiva más bien optimista.

También he realizado una búsqueda de periódicos digitales centrados en buenas noticias:


Busca también lo bueno que sucede a tu alrededor, seguro que hoy alguien te ha sonreído o te han echado un cable o has visto algún gesto amable o, sencillamente, has apreciado algo que otros días has dado por supuesto. Ese “ir a buscar lo positivo” se irá haciendo más espontáneo día a día, hasta que te será fácil.

(2) Este ejercicio es muy potente, te darás cuenta de que muchas veces piensas mal de algo o alguien y luego no es así, y no te das ni cuenta. La idea del ejercicio es hacerlo aflorar y darte cuenta de cuántas veces pasa esto.


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