domingo, 21 de octubre de 2018

¿Sientes estrés? Es que pasa algo que realmente te importa


Estrés es un vocablo muy manido. Lo utilizamos muy a menudo y lo asociamos fácilmente a cosas negativas. Pero existe una visión del estrés que nos ayuda, y es importante que la sepamos utilizar.

Siempre se ha dicho que valiente no es quien no tiene miedo, sino quien no deja que ese miedo lo aparte de aquello que quiere hacer. El valiente detecta su miedo, lo evalúa, lo reconduce, y lo utiliza para actuar. La gestión del estrés viene a ser lo mismo: identificarlo, evaluarlo y reconducirlo para actuar.

Tanto al héroe como a nosotros, nos sobreviene el miedo o el estrés cuando algo que nos importa está en juego. El héroe teme por su integridad física, nosotros nos estresamos ante una primera cita, una entrevista de trabajo, un cambio en la empresa, una charla en público, … pero todos tenemos la opción de poder decidir qué hacemos.

El primer paso para gestionar el estrés es ser capaz de verlo (1) como:

1.- Un aviso: ahí, en lo que está pasando, hay algo que me importa.
2.- Una puesta en alerta de mi cuerpo: mi cuerpo se organiza para poner a mi disposición energía para actuar.

El estrés que nos provoca una primera cita es, en su inicio, fisiológicamente similar al estrés que nos provoca tener que hablar en público (2). En ambos casos hay algo en juego, ahí está el aviso, ahí está la puesta en alerta del cuerpo y ahí está la necesidad de actuar. Pero hay algo que los diferencia en la mayoría de los casos: la primera cita la afrontamos con ilusión, mientras que la charla en público nos da pánico (3).

¿Y si pudiéramos cambiar la forma en que afrontamos las situaciones en las que algo importante para nosotros está en juego? ¿Y si pudiéramos, hasta cierto punto, transformar la emoción para que ayude a que nuestro comportamiento sea el adecuado para el reto que se nos presenta?

Esta transformación es un poco más complicada que el mero hecho de decidirlo, pero, como en todos los procesos, podemos dividirla en pedazos más manejables. Ahí te listo dos de estos pedazos:

-Si sabemos qué es lo que nos importa, nos será más fácil prepararnos para reconducir las situaciones que afecten a lo que nos importa.

-Si sabemos reconocer las señales fisiológicas en el momento en que nacen, podremos estar preparados para utilizar esa energía y reconducirla hacia la acción que queremos.

Aprovecha ahora a entrenar cómo lo gestionas. Si esperas a estar en una situación que tira mucho de ti, te será más difícil encontrar el tiempo y la energía para entrenarlo.


(1) Fíjate que lo que llamamos “estar estresado” implica siempre unas sensaciones corporales que, si estás atento, verás que son muy standard: se nos acelera el corazón, la respiración, nos tensamos, nos sudan las manos, nos entran mareos, empalidecemos….

(2) Por poner como ejemplo algo que a casi todos nos echa para atrás.

(3) Fíjate que cuando la primera cita la afrontamos con pánico, la situación se torna muy igual a la de tener que hablar en público, y, el resultado, pues también...


miércoles, 3 de octubre de 2018

Fijando hábitos


Estamos en una época del año que nos predispone a cambiar cosas en nuestra vida. Supongo que es por ser “inicio de curso”, ya ves, lo que nos marca nuestra etapa de estudiantes.

Hoy en día nos bombardean continuamente con mensajes que nos crean la necesidad de empezar a cambiar cosas, así que no es extraño que se vendan tantos libros y cursos sobre el tema y se multipliquen los artículos en prensa y redes sociales.

Yo creo que no existe fórmula universal para fijar hábitos, pero sí que hay recursos que nos ayudan y una multitud de estrategias que podemos utilizar. Si nos agenciamos unos buenos recursos y sabemos combinar las estrategias, podemos abordar el cambio sin que ello nos lleve a un excesivo gasto de energía y/o a un sentimiento de frustración durante el proceso.

Respecto a los recursos, hay tres que son muy importantes:

-Conocerte a ti mismo
-Saber observarte
-Saber experimentar

Son importantes porque, al no haber una fórmula universal, tendrás que buscar la tuya. Y para ello necesitas tener estos tres recursos muy activados.

Te pongo un ejemplo: a mí correr no me gusta, pero me conviene y es un hábito que en su momento quise fijar. Como no me gusta, de entrada, ya tengo un hándicap: me falta la motivación per se para la actividad que tienes cuando ésta te gusta. ¿Cómo solucionarlo? Al final lo he conseguido a través de mezclar tres estrategias escogidas entre las infinitas que se han estudiado:

1.- Saber para qué lo hago, y que eso esté alineado con lo que quiero para mi futuro y con mis valores ahora.
2.- Identificar el obstáculo principal y “atacarlo”.
3.- “Trocear” el hábito para que sea menos complicado y pactar con uno mismo un mínimo.

Veamos juntos los tres puntos:

1.- Cuando aplicas la primera estrategia, lo primero es preguntarse el “para qué”. En mi caso, el tema de correr, el para qué es estar en forma. Es un ejercicio cardiovascular muy efectivo, y estar en forma es algo que es importante para mí ya que impacta en mi salud y en cómo mantenerme en óptimas condiciones para disfrutar al máximo de la vida.

Aún siendo tan importante para mí mantenerme en óptimas condiciones, me cuesta salir a correr. Se me ocurren formas mejores de pasar el tiempo (escribir, leer, ver una película, aprender, …) y que me cuestan mucho menos esfuerzo. Si solo tirara de esto, el esfuerzo para ir a correr vaciaría demasiado mi reserva de energía diaria para acometer esas cosas que cuestan esfuerzo (1). Es por esto qué necesito algo más que tener claro el para qué.

2.- Para aplicar la estrategia de identificar el mayor obstáculo hay que escuchar las voces interiores cuando éstas te intentan convencer de que “hoy no”.  Escucharlas y ver con qué argumentos te convencen más fácilmente. En mi caso, me convencían con el argumento de que no tenía tiempo. Las voces son muy listas y suelen escoger argumentos muy ligados a cosas que tú valoras mucho, en mi caso el tiempo.

Una vez identificado, hay que buscar algo que pueda relacionar la actividad con ese valor con que las voces te venden la excusa. En mi caso, me surgió de repente. Un día me di cuenta de que mientras corría se me ocurrían muchos temas para el blog, es decir, que me inspiraba. Cuando me di cuenta parece mentira pero ya me costó mucho menos (2).

3.- Aunque ya la cosa mejoró mucho, todavía faltaba acabar de “rematar” el hábito. Me di cuenta de que, aunque tenía claro el para qué y, además, sentía que no desperdiciaba tiempo, había días que ni eso era suficiente. Entonces recurrí a la estrategia de “troceo con pacto”: me comprometí conmigo misma a que siempre saldría, pero fijaría un recorrido mínimo. Si cuando acabara el recorrido mínimo me sentía con energía, seguiría, si no no.  ¿Y eso por qué? Pues había observado que cuando salía a correr rechistando a tope, muchas veces al cabo de unos 20’ la cosa cambiaba y dejaba de costarme. Es curioso porque pasaba de arrastrarme y resoplar a encontrar una nueva energía que me permitía acabar el recorrido fijado para ese día. Así que fijé como mínimo recorrido esos 20’.

Ya ves que se trata de tener una idea de lo que funciona en fijación de hábitos (eso te lo dará leer sobre el tema o asistir a cursos o conferencias), conocerte a ti mismo para saber qué herramienta o herramientas es más probable que te sirvan, hacer experimentos y observarte, observarte mucho, para ir adaptando la estrategia. El conocimiento sobre hábitos y sobre cómo funcionamos es lo que te ayudará a diseñar mejor los experimentos, perderás menos tiempo y te costará menos esfuerzo, pero hay que complementarlo con la observación de uno mismo. Si no observas, te será más complicado dar con la combinación más adecuada.

Aprender a observar y observarse es una muy buena inversión. Te lo recomiendo.





(1) Por esto, dejar para última hora del día aquello que nos cuesta es una mala estrategia. A última hora del día estamos cansados y nuestro nivel de energía es más reducido que a primera hora. Si dejas algo para última hora del día tienes que tener claro que vas a necesitar unos puntos 1, 2 & 3 muy trabajados.

(2) Si te fijas, hay una “zanahoria” a largo plazo (llegar en las mejores condiciones a un futuro que no es cercano), y otra “zanahoria” (la inspiración) que afecta a un plazo inmediato: hoy. Es más fácil fijar hábitos cuando se relacionan con algo que se cristaliza en el momento.



domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Me lo merezco?




Hace unos días vi este cortometraje (1):

Ha ido rondando las redes sociales, siendo recomendado por su contenido, ya que celebra la amabilidad y la comprensión. Es un corto bonito, y, sí, destaca estos valores.

Pensaba en el corto ya que le estoy dando vueltas estos días a cómo nuestra mente interpreta las situaciones en base a la información que tiene disponible, y cómo esto puede llevarnos a conclusiones y acciones poco adecuadas y que no nos ayudan. Así que le daba vueltas a cómo el protagonista cambia radicalmente su conclusión y, por ende, su comportamiento, al acceder a una información adicional que desconocía, y, de repente, atino en otra lectura: el corto puede llevarnos a pensar que cuando hacemos algo por alguien, obtenemos una devolución de ese alguien equivalente. Y pienso: Ufff, qué peligro.

¿Cómo puede ser peligroso dar por supuesto que lo que hagamos “de bueno” nos ofrece automática y directamente una devolución? Suele ser un mensaje recurrente en fábulas, cuentos, películas…, éste y el contrario: las malas acciones conllevan también una devolución, en este caso negativa.

En mi opinión, es un peligro ya que nos puede llevar a la frustración. Y a eso viene lo del título “¿Me lo merezco?”. Creo que nadie se merece nada (ni bueno ni malo), no creo en el karma (2) ni bueno ni malo. Creo en que cada uno tengamos nuestra ética, nuestra coherencia, nuestros valores bien claros y, en base a ellos, nos comportemos y actuemos, sencillamente porque son nuestra ética, nuestra coherencia y nuestros valores, no porque entendamos que con ese comportamiento y esas acciones vayamos a tener un retorno equivalente.

Sé que ayuda pensar que, si trabajo duro, o si soy amable, o lo que sea, conseguiré eso o lo otro porque me lo merezco, o que, sencillamente, la vida me dará un trato amable, pero no es así, hay muchos factores que están fuera de nuestra área de influencia. Y sí, pienso que seguro que hay un montón de personas que se comportan y actúan con malicia y poco respeto por los demás y que viven una vida agradable. Es así y punto.

Yo creo que transmitir la idea de que existe esta “compensación” directa y equivalente a nuestro comportamiento y a nuestros actos nos facilita optar por ellos en el corto plazo, pero puede llevar a crear frustración, rabia y resentimiento en aquellos que lo crean profundamente y no vean sus expectativas cumplidas. Esta frustración suele acompañarse de un ejercicio de buscar la causa (o más bien la culpa) en otros, y no en, quizás, una estrategia y/o unas expectativas poco adecuadas y/o sencillamente, unas circunstancias fuera de nuestra influencia.

Creo que saber transitar por la vida con tu ética, tu coherencia y tus valores claros y alineados con tu comportamiento y tus acciones es la única y mejor recompensa a la que debes aspirar.



(1)  Comentario: figura en youtube como ganador de un oscar a mejor cortometraje de animación, pero he sido incapaz de encontrarlo mencionado como tal en ningún sitio. Puede que sea otra muestra de lo fácil que es encontrar información incorrecta en internet. Sí que lo he encontrado como anuncio de marca para unos grandes almacenes chinos: https://brandinginasia.com/chinas-jd-com-releases-joy-story-animated-short-film-campaign-spot/.

(2) En ese karma que, desde mi ignorancia, entiendo como que tus acciones bondadosas te retornan bondad.