lunes, 5 de febrero de 2018

No es el no caer




Hace unos días leía el libro “Tiempos de resiliencia. Reingeniería, coaching y grafología” de Agustina Gómez Rodríguez y me gustó como, a través de elaborar sobre una fábula tan conocida como la de la tortuga y la liebre, mostraba la diversidad de opciones que tenemos para afrontar lo que nos suceda. Es por esto que os la transcribo:

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

LOS LENTOS Y ESTABLES GANAN LA CARRERA

Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de consciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

LOS RÁPIDOS Y TENACES VENCEN A LOS LENTOS Y ESTABLES

Pero la historia tampoco termina aquí: tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba ¿qué hago ahora?, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

QUIENES IDENTIFICAN SU VENTAJA COMPETITIVA (saber nadar) Y CAMBIAN EL ENTORNO PARA APROVECHARLA, LLEGAN PRIMEROS.

Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo.

En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella que habían experimentado en sus logros individuales.

ES BUENO SER INDIVIDUALMENTE BRILLANTE Y TENER FUERTES CAPACIDADES PERSONALES. PERO, A MENOS QUE SEAMOS CAPACES DE TRABAJAR CON OTRAS PERSONAS Y POTENCIAR RECÍPROCAMENTE LAS HABILIDADES DE CADA UNO, NO SEREMOS COMPLETAMENTE EFECTIVOS. SIEMPRE EXISTIRÁN SITUACIONES PARA LAS CUALES NO ESTAMOS PREPARADOS Y QUE OTRAS PERSONAS PUEDEN ENFRENTAR MEJOR. LA LIEBRE Y LA TORTUGA TAMBIÉN APRENDIERON OTRA LECCIÓN VITAL: CUANDO DEJAMOS DE COMPETIR CONTRA UN RIVAL Y COMENZAMOS A COMPETIR CONTRA UNA SITUACIÓN, COMPLEMENTAMOS CAPACIDADES, COMPENSAMOS DEFECTOS, POTENCIAMOS NUESTROS RECURSOS…Y ¡OBTENEMOS MEJORES RESULTADOS!


Hay muchas formas de afrontar lo que se nos presenta en el día a día, no nos limitemos, no nos empeñemos en intentar cambiarnos, no nos desesperemos por lo que no somos capaces de hacer ahora, no renunciemos, seamos capaces de cambiar escenarios, de aunar fuerzas con los demás, seamos creativos con aquello de que dispongamos en cada momento.

No esperemos triunfar siempre, no es el no caer lo que nos hace fuertes, sino el saber levantarnos y seguir.

miércoles, 31 de enero de 2018

Tú claro que puedes, como tienes (o no tienes) …



Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”- Yoda

Estaba leyendo el periódico, hablaba sobre el fundador de IKEA y el manifiesto que escribió en 1973 describiendo los que pensaba eran los ingredientes esenciales de su éxito.

Entre éstos figuraba “alcanzar buenos resultados mediante pequeños medios”.


Y es que, a veces, esperamos disponer de más tiempo, o ser más hábiles, o competentes o tener más recursos o conocimientos… y así pasan los días, y seguimos respondiendo y respondiéndonos que, si tuviésemos más tiempo, más fuerza de voluntad o más lo que sea, podríamos llegar ahí.


Un día lo vi claro en la clase de spinning: si mi intención es dedicar 45’ a trabajar mi capacidad cardiovascular, es importante que estos 45’ los dedique a eso, con toda mi atención e intención. No me vale distraerme, o hablar con uno o con otro, o pedalear con desgana o mirar el reloj y pensar en que tengo trabajo pendiente … Y no solamente esto, si tengo que trabajar mi capacidad cardiovascular, es mejor hacerlo sin perjudicar otros aspectos, una postura adecuada, la bicicleta bien graduada, los ritmos como los marcan y buscar las sensaciones indicadas para cada etapa contribuyen a ello.

Si lo haces, hazlo a conciencia

La primera vez que leí sobre la importancia de estar ahí, en lo que hagas, de hacerlo a consciencia, fue leyendo este artículo de Marshall Goldsmith (1)

“Ya solamente en American Airlines tengo más de 11 millones de millas acumuladas. La mayor parte del personal de cabina hacen un gran trabajo. En un vuelo cualquiera, hay dos tipos de personal de cabina, uno está motivado, se le ve entusiasmado y optimista, mientras que otro tiene una actitud negativa, amarga, enfadada y cínica. Estoy seguro de que has estado en ese vuelo alguna vez.
¿Cuál es la diferencia? La diferencia no es lo que la compañía aérea está dando. Ambas personas seguramente cobran lo mismo, visten el mismo uniforme, sirven a los mismos clientes, en el mismo avión, con el mismo programa de lealtad para los empleados.
¿Cuál es la diferencia? La diferencia no está en el exterior. La diferencia está dentro.”

No niego que lo más fácil es dejarse ir, pero si lo que hago lo hago con implicación, me siento bien, y el resultado es mejor que cuando lo hago con desgana, por obligación o distraída.

No me merezco desperdiciar mi tiempo,
 y tú tampoco lo mereces.