sábado, 2 de diciembre de 2017

Si no sabes dónde vas, si no importa de dónde vienes, da igual el camino que tomes




¡Hola!

Ya sabes que soy curiosa al respecto del tema bienestar y todo lo que se mueve alrededor de este concepto. Es por ello que desde hace tiempo estoy informándome y formándome en diferentes técnicas e investigando aproximaciones al respecto (1). Cada vez que profundizo en una técnica, resulta que ésta es la mejor, y las otras técnicas o aproximaciones parece que no llegan al mismo nivel. Y ahí yo siempre discrepo. Discrepo de que haya una técnica mejor que otra. Todas son buenas. Ninguna es mejor que otra. Para cada uno de nosotros, desde nuestra condición de “ser único” y con la intención – el para qué – que en este momento definamos, existen técnicas más o menos adecuadas. Cada técnica tiene su para qué, su cuando y su para quien.

Así pues, hay dos temas que es importante que tengas claros:

1) Qué es lo que quieres para ti, ahora.

2) Con qué cuentas (2).

Cuando un coach, un terapeuta, un entrenador, te ayuda, te tiene que ayudar primero a descubrir estos dos puntos. Entrar en una técnica, en un método, sin tenerlo claro, para mí tiene poco sentido. Quizás es porque creo firmemente que el tiempo es valioso, y que, cuando quieres algo, vale la pena ir por el camino más eficaz y a la vez más eficiente (3).

No puedes recomendar a todo el mundo que medite, o que viaje, o que haga crucigramas o punto de cruz. Sí que hay cosas muy básicas que a todos convienen, pero, cuando vamos más allá de lo básico, cada uno hemos de encontrar las herramientas que mejor se adapten a nosotros en el momento.

Qué lio ¿no? Pues bueno, como sé que, a ti, como a mí, te gustan las indicaciones claras, te dejo una que es válida para todos, para todo momento, para toda situación: APRENDE A DARTE CUENTA.

Tomes el camino que tomes lo vas a necesitar. Porque solamente dándote cuenta sabrás dónde estás, qué pasa, y eso te ayudará a tomar decisiones, te ayudará a elegir. Es de las pocas cosas que a TODOS conviene entrenar (4).

Disfruta estos días y no olvides que el tiempo pasa rápido. Improvisa lo justo, cuanto antes sepas dónde quieres ir, dónde quieres estar, cómo te quieres sentir, antes podrás empezar a decidir en consecuencia (5).











(1) Cuando te hablo de enfoques me refiero a trabajar mente, trabajar cuerpo desde el punto de vista físico, desde el punto de vista nutricional, etc.… Mi idea es que hace falta una visión holística, que tenga en cuenta el máximo de aspectos posibles, para así conseguir un mejor resultado.

(2) Iba a poner “cómo eres tú”, pero, aunque se entiende, te lleva a pensar en una etiqueta fija, y lo que quiero decir es cuáles son tus preferencias, dónde o con qué cosas te sientes cómod@, qué te es fácil, qué te molesta, qué te motiva,… en este momento y en cada lugar o situación. No se trata de etiquetarte, se trata de conocerte.

(3) Un camino que te lleve a donde quieres ir y con el esfuerzo, tiempo y coste mínimos.

(4) Hay muchas técnicas que te permiten entrenarlo. Conociendo a la persona puedes diseñar el camino para su mejor programa de entrenamiento.

(5) Tal como decía el gato de “Alicia en el país de las maravillas”, si no sabes dónde vas todos los caminos son buenos.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Por qué creo que éste es el mejor entrenamiento para tu fuerza de voluntad


Cuando quiero cambiar o adquirir un hábito necesito fuerza de voluntad. Y la fuerza de voluntad tiene dos características: es limitada y se agota con el uso (1).

Por esto es interesante aplicar un doble enfoque:

1.- Entrenarla, como se entrena un músculo, para que dé más de sí.

2.- Aprender a diseñar estrategias que nos faciliten el cambio o adquisición de hábitos para que no tengamos que tirar tanto de ella.


Incrementar la fuerza y, a la vez, aprender cómo gestionarla para optimizar su uso.

Para hacerlo, te he buscado un ejercicio que ni te va a requerir inversión, ni te va a ocupar tiempo, y que se adaptará fácilmente a tu rutina diaria. Solo hace falta una cosa: que pases parte de tu día sentad@.

Ya te lo he propuesto varias veces, la última en el post del día 6:  siéntate derecho, sin cruzar las piernas, pies en el suelo, ángulos de 90 grados, abdomen activado, postura de atención, de seguridad, sin desplomarte, sin rigidez.

¿Por qué creo que es el mejor entrenamiento? Por 8 razones:



1.- Es sencillo, pero no fácil.
2.- Requiere atención, es fácil despistarse.
3.- Es incómodo hasta que lo consigues.

Estas tres primeras características describen la mayor parte de los procesos de cambio de hábitos. Para pillar este hábito tendrás que trabajar el doble enfoque: aplicar fuerza de voluntad & buscar estrategias que te lo faciliten (2).

4.- Te facilita la digestión
5.- Tu cuerpo se alinea: columna, cadera, piernas trabajan mejor, sin obstaculizar la circulación, lo más parecido al diseño mecánico óptimo correspondiente a una posición de sentado.
6.- Es una postura que transmite (hacia fuera y hacia dentro) atención y seguridad
7.- Con los hombros relajados y alineados (evitando hombros caídos hacia delante y separándolos de las orejas) se facilita la respiración.
8.- El abdomen activado (para adentro y arriba, creando longitud en el dorso) protege tus lumbares.

Estas 4 características son contribuciones a tu bienestar y a tu imagen (interna y externa).

Estás entrenando tu fuerza de voluntad, estás desarrollando las capacidades que van a facilitar tus cambios de hábitos y, a la vez, estás entrenando una postura que va a aportarte bienestar y una mejor imagen ¿cómo lo ves?

Por esto te lo recomiendo.



(1) … y cada uno de nosotros parte de un nivel distinto.
(2) Desde https://www.facebook.com/navarro2185/ te iré orientando en este entrenamiento, así que ¡sígueme!.


lunes, 20 de noviembre de 2017

De la pausa al movimiento, del movimiento a la pausa


Los primeros pasos que se dieron en el área de la gestión del estrés llevaban un mensaje claro: “el estrés es malo”. Sólo profundizando te dabas cuenta de que lo malo era el estrés sin una adecuada recuperación, pero la lectura superficial se quedaba en “el estrés es malo”.

Luego, al cabo de unos años, se “descubría” que el estrés no era malo, que sin estrés no hay vida. No era un descubrimiento, sin embargo, para los que realmente entendieron desde el principio el concepto.

Todo en la naturaleza emana del equilibrio. Pero de un equilibrio dinámico, de desequilibrar para volver a equilibrar. Si no hay cambios, si el equilibrio es estático, se acaba muriendo. El quid de la cuestión, es aprender a moverte, a activarte, para avanzar, para evolucionar, y aprender cuándo y cómo volver al equilibrio, para restaurar, para recomponer, para nutrir, para recargar (1).

Hoy en día hay quienes buscan el movimiento continuo y no saben pausar (2), y los hay que se complacen excesivamente en la pausa. Si hay algo que caracteriza el entorno actual es que las cosas cambian, y cambian rápido. En entornos complejos donde el cambio es rápido, si no te mueves, te sales de la foto. Pero si te mueves sin restaurar, en forma y tiempo adecuado, te sales igual de la foto.

Entrenar ese ir y volver: que puedas ir cada vez más allá, sabiendo cuando toca restaurar, y que este tiempo sea óptimo. Si lo entrenas estarás mucho más preparado para moverte en éste, nuestro mundo, y disfrutarás de un mayor bienestar.







(1) Seguro que si eres deportista has oído más de una vez lo de que lo importante es lo rápido que recuperes tus pulsaciones más que las pulsaciones en sí. También habrás oído hablar del concepto sobreentrenamiento.

(2) Esta pauta es muy valorada hoy en día, parece que seamos más responsables, que estemos más comprometidos, más profesionales. Esto agrava el problema porque no nos atrevemos a pausar, porque nos parece que “se nos cae el boli”, no sabemos distinguir entre la pausa que nutre al movimiento y la pausa sin movimiento.