miércoles, 13 de septiembre de 2017

HAZLO CON CRITERIO, HAZLO CON CUIDADO, HAZLO BIEN. ES IMPORTANTE.


Este anuncio lo vi en Londres esta semana:


Me llamó la atención, ya no solamente por cómo transmite, sino también por el mensaje que transmite.

Las palabras son poderosas. Escógelas con criterio.
Las palabras son poderosas. Escógelas con cuidado.
Las palabras son poderosas. Escógelas bien.

Habla de responsabilidad, de ser consciente y actuar con criterio. Lo que dices o escribes, cómo lo dices y cómo lo escribes, tiene su impacto, tiene sus consecuencias, y no puedes ignorarlo. Y más hoy en día cuando las palabras, literalmente, pueden “incendiar” las redes.

La historia nos enseña que las palabras, cuando saben conectar con los sentimientos más profundos, son capaces de arrastrar multitudes, secuestrando el lado racional, y dando paso al desbordamiento de las emociones más primarias, facilitando acciones que no se pueden entender de ninguna otra forma. Es una responsabilidad enorme ejercer esta conexión y movilizar de esta manera.

Quien lidera, tanto en la familia, como en la empresa, como en la sociedad, debe ejercer esta responsabilidad con criterio, capacidad y conocimiento.

No saber conectar con los sentimientos profundos de los otros nos incapacita para dirigirles, ya que no se moviliza solamente a través de los análisis y los datos, a través de lo racional (2).

No saber gestionar esta conexión, utilizándola para las propias intenciones y beneficio, nos incapacita para dirigirles, convirtiéndose en una mera manipulación cuyas consecuencias pueden ser tremendas.

Es importante que te observes, que preguntes a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo, a tus jefes… Pregunta a quien puedas cómo creen ellos que utilizas tus palabras. Es posible que no te lo digan del todo, o que quizás no se hayan planteado nunca cómo les haces sentir, o cómo o si sabes movilizarles, así que las primeras veces que lo preguntes no esperes una respuesta útil. Pero si sigues preguntando, si sigues observando, si sigues reaccionando bien ante las respuestas que te den, al final acabarás teniendo un buen retrato de cómo funcionas a este nivel y, entonces, podrás cambiar cosas.




¡Hasta la próxima semana!

sábado, 2 de septiembre de 2017

Ni debilidades ni fortalezas



Se me ha ocurrido pensar en esto mientras corría esta mañana. Le daba vueltas a lo que pensaba escribirte y, de repente, me pasa por la cabeza que cuando pretendemos cambiar alguna cosa hay tres enemigos principales:



El desaliento
El victimismo
La complacencia

El desaliento es mi enemigo cuando al intentarlo no me funciona y abandono.

El victimismo es mi enemigo cuando al intentarlo no me funciona y pongo toda la responsabilidad en otras personas o circunstancias.

La complacencia es mi enemiga cuando al intentarlo me conformo enseguida o me auto convenzo de que ya estoy bien como estoy.

Pensando en esto, se me ocurre que cada uno tenemos más o menos predisposición (o peligro) de dejarnos abatir por uno u otro de estos enemigos. Y, para protegernos de ellos, es importante conocernos, saber por dónde nos pueden pillar y preparar la estrategia adecuada para ponérselo lo más difícil posible.

Todo proceso de cambio, todo proceso de desarrollo, tiene sus altos y sus bajos, sus éxitos y sus fracasos. No hay estrategias infalibles, pero sí que hay estrategias que se adecúan más tanto al propósito perseguido como a ti. Esas son las que tienen la mayor probabilidad de éxito.

Es importante tener en cuenta que tú NO TIENES FORTALEZAS NI TIENES DEBILIDADES. Lo que llamamos fortalezas y debilidades sencillamente son cosas que van a ayudarnos o van a entorpecernos según el propósito que nos marquemos. Si me marco ser la estrella de la fiesta, mi introversión puede ser una debilidad. Si me marco ser una erudita en cierto campo, mi introversión puede ser una fortaleza. ¿Me explico?

Visto esto, para conseguir algo tienes que tener claro lo que quieres (tu propósito) y cómo eres (qué es lo que te es más fácil o difícil). Una vez tengas claro estas dos cosas, podrás diseñar tu estrategia. ¿Y será infalible? Pues no, no hay nada infalible, tendrás tus éxitos y tus fracasos a lo largo del trayecto. Es por ello que tendrás que tener en cuenta a los tres enemigos que te menciono al principio. Si consigues sortearlos, tu probabilidad de llegar a lo que quieres es mucho mayor.


¡Hasta la próxima semana!

viernes, 25 de agosto de 2017

¿Coordinación? ¿Colaboración? ¿Información?



Estos días se oye hablar mucho de coordinación, de colaboración y de la eficacia de los flujos y procesos de información entre distintas “unidades”. Se habla de esto porque, cuando nos enfrentamos a un entorno complejo y cambiante, el disponer de un buen sistema que lo facilite es una ventaja crítica.

En la empresa pasa lo mismo ¿O no?

De todo lo que me va llegando estos días, hay cosas que me recuerdan al entorno empresarial:

      1)    Un buen diseño de los procesos es básico, pero no es suficiente. Al final son las personas las que mueven las cosas, las que deciden o no prestarles atención, las que los enriquecen, los empobrecen o sencillamente los obvian.

      2)    El tono de la relación entre “unidades” lo marcan quienes las dirigen, a todos los niveles.

      3)    Ninguna “unidad”, ninguna persona, desarrolla el trabajo de forma perfecta. Pretenderlo es peligroso. Si no se admite el error, si no se trabaja el error, nunca habrá mejora. Cuando ensalzamos a una “unidad”, a una persona, sin fisuras, estamos bloqueándola (1).

      4)    Una prioridad que muchas veces no tenemos en cuenta es el cuidar las relaciones. Precisamente por la importancia creciente de la colaboración, de la coordinación y de un flujo fluido de la información, cuidar la relación entre las “unidades” (y las “unidades”, al fin y al cabo, son personas) es básico. Y esto nos obliga a bajar al nivel de todas y cada una de las personas, y, sobre todo, los mandos.

      5)    Para cuidar las relaciones es imprescindible tener en cuenta que no somos iguales. Si no lo entiendes, con toda la buena intención del mundo puedes estar quemando una relación sin darte ni cuenta. Y lo que obtienes es, aparte de una relación quemada, una enorme sensación de frustración y un sentimiento de desconfianza creciente.

      6)    Las emociones son imprescindibles, pero solamente en equilibrio con la racionalidad. Moverse a golpe de emociones no es bueno, al igual que no es bueno apartarlas.

La buena noticia es que todo esto se aprende y se entrena. Ahora bien, no hay logro sin propósito, no hay logro sin técnica, no hay logro sin entreno.


(1) ¿Parece un contrasentido no? https://www.youtube.com/watch?v=WmD9Wvhru48